Publicado en Octubre 2022 en Perros Pura Sangre (Mexico)
Hacía ya algunos años que no tenía la fortuna de exhibir en Europa. Cuando vi la oportunidad de escaparme “aeronáuticamente” a la Exposición Mundial de Brno, en la República Checa, no lo pensé dos veces. Aunque terminé exhibiendo un Beagle algo que sospechaba podía suceder, el propósito principal de mi viaje era recolectar material videográfico para mi canal de YouTube, objetivo que logré con creces. Esa parte fue valiosa, sin duda, pero mi otro objetivo, acumular cultura, fue superado por mucho más de lo que imaginaba.
Mi muy americano punto de vista me dejó gran espacio para la reflexión, y con ello surgió la necesidad de escribir este artículo. A menudo, cuando escribo o hablo en mi podcast, menciono que lo hago “con el saco de manejador o con el de juez”, porque las perspectivas son distintas. Hoy, en esta ocasión, siento que el de manejador es el que mejor me sienta.
Dicen que las comparaciones nunca son buenas, pero ahí les voy… Mi tono positivo me da licencia para abrir las alas y sobrevolar mis recuerdos de un modo constructivo.
La cultura de la jaula
Me causó un verdadero “shock” ver lo poca cultura que existe allá respecto al uso de la jaula. Era muy común que los perros especialmente aquellos de dueños-manejadores que solo llevaban un ejemplar se mantuvieran todo el tiempo fuera de ella. Observé perros con posibilidades reales de ganar presentarse de forma pobre debido al desgaste mental y cansancio físico después de esperar horas en la orilla del ring.
Seguramente no se trata de falta de recursos; simplemente no es parte de su costumbre.
La cultura del entrenamiento y de la correa adecuada
Creo que ninguno de los que nos llamamos “canófilos de años” puede presumir que jamás haya llegado al ring con un perro poco entrenado; incluso los profesionales nos hemos visto en esa situación. Pero en Brno era algo francamente común. No era por falta de tiempo, ni por exceso de temperamento en los cachorros. No. Daba la impresión de que no les importaba demasiado si el perro se presentaba así.La disciplina, la intención de mejorar la presentación del perro, parecía ausente. Eso fue lo que realmente llamó mi atención.
Vi Weimaraners y razas similares exhibidos con correas fijas como las de Poodle, aunque más gruesas que poco ayudaban a controlar al perro. También vi correas cuyo broche estaba hecho artesanalmente con un trozo de cuerno de venado. Parecía que dar una apariencia “rústica” de cazador era más importante que la eficacia para manejar al perro.
Usos y costumbres. Interesantísimo, pero poco práctico.
Para los jueces que lidiaban con estas condiciones, mis respetos y admiración. A mí seguramente me habría costado más trabajo. Pero debo decirlo: no se veía estrés ni preocupación, todo fluía y todos parecían disfrutar. A veces las formas, las costumbres e incluso los resultados son intrascendentes; lo que importa es que seamos felices.
La cultura del horario
Para mi sorpresa, la cultura de la puntualidad sí estaba ahí. La impecable exactitud de los organizadores fue digna de una ovación de pie. Todos los rings empezaban a tiempo y todos parecían atentos. No es fácil controlar la hora de entrada a una clase abierta con 122 ejemplares cuando solo sabes que tu raza inicia a las 11:15 a. m.
También debo decir que algunas clases comenzaban sin que todos los perros estuvieran dentro del ring. La flexibilidad era necesaria, justificada y asumida con naturalidad.
Los secretarios de juez
Como mexicano, siempre es motivo de orgullo escuchar los buenos comentarios que los jueces del mundo tienen sobre la calidad de nuestros secretarios. Y los checos no se quedaron atrás, a pesar de tener que afrontar tres factores en contra:
- La barrera del idioma
Me sorprendió lo poco que hablaban inglés, tal vez mucho que ver el estar rodeados por países con lenguas propias Hungría, Polonia, Eslovenia, pensé que sería un caos… pero no. Los juzgamientos fluían a su propio ritmo, sí, pero fluían.
- Las mesas en medio del ring
¿En qué cabeza cabe poner las mesas justo en el centro del ring? Era donde el juez anotaba y donde se recogían los números. Era común ver manejadores entrar entre clase y clase y caminar hasta el centro del ring para recoger su número, incluso mientras se juzgaba.
- Los reportes de calificación
El juez seleccionaba a sus cuatro favoritos, los colocaba y señalaba: uno, dos, tres y cuatro. Nada de tarjetas ni listones. Después regresaba a la mesa a dictar la calificación de cada perro (Excelente, Muy Bueno, etc.) que el secretario asentaba en un documento preimpreso.
Luego aquí viene lo heroico el secretario tenía que salir a buscar a cada manejador para entregarle el documento. Una labor titánica. Afortunadamente, los cuatro ganadores no se iban muy lejos, pues al terminar la clase un torbellino de espectadores entraba al ring para tomar fotos.
Los secretarios eran de todas las edades, estilos y vestimentas: desde señores con apariencia de capitán de barco retirado, adolescentes con tenis fosforescentes y peinados punk, hasta trajeados que combinaban corbata y zapatos a la perfección. Esa diversidad me pareció fantástica.
A manera de cierre
Sin duda lo disfruté. Salirme de la rutina me renovó y me hizo valorar lo que tengo, lo que tenemos. Me recordó que la diversidad de pensamientos enriquece al mundo de los perros. Casi me atrevo a hablar de “universos canófilo-culturales paralelos”.
En este mundo globalizado, a veces necesitamos soltarnos del árbol para poder apreciar el bosque.
Este viaje me dejó mucho para reflexionar y agradezco infinitamente que me hayan acompañado con su imaginación.
Agradecido.
“Lo mejor está por venir.”